Final Wimbledon femenino – Garbiñe Muguruza vs Venus Williams

Final Wimbledon femenino – Garbiñe Muguruza vs Venus Williams

Muy pocos contaban con ellas al principio del torneo por diferentes motivos, pero si algo tienen los Grand Slams es que al final de las dos semanas siempre gana la mejor jugadora del torneo sin lugar a dudas, y pocas quedan en torno a que nadie ha mostrado la superioridad tanto de Garbiñe Muguruza como de Venus Williams.

Ambas llegan a la gran final tras arrasar a sus rivales tanto en cuartos de final como en semifinales, donde ni Svetlana Kuznetsova ni Magdalena Rybarikova fueron capaces de romper un solo servicio a Garbiñe; y Johanna Konta ni Jelena Ostapenko fueron capaces de ganar la batalla de pegadoras frente a Venus Williams.

La americana firma con esta su segunda final de Grand Slam del año y su octava en Wimbledon (en 20 participaciones), algo que con 37 años solo hace que disparar aún más si se podía los marcadores de leyenda que significa la americana para el tenis femenino. Hacer tal logro a esa edad es presa casi imposible para los mortales, pero si a eso le sumamos que días antes de comenzar el torneo las noticias que rodeaban a la americana eran el accidente de coche que recientemente había tenido y en el que murió un hombre de 78 años, los calificativos se terminan.

Con esa gran carga mental llegaba la mayor de las Williams, y aunque le vimos dudar un poco con Mertens y Wang (única jugadora que le ha arrancado un set) en las primeras rondas, desde entonces su camino ha sido una masacre constante de la “Next Gen” en la que ni Osaka, ni Konjuh, ni Ostapenko, ni Konta han conseguido arrancarle un solo set. Su imagen de poderío al servicio, dejando atrás los problemas de hombro que tuvo todo el año, ha sido asombrosa, cediendo a lo largo del torneo sólo 6 veces su servicio, y promediando cerca del 80% de puntos ganados con primer servicio.

Camino imponente de una de las leyendas del tenis, pero incluso superado por la tremenda facilidad y el saber estar que lleva mostrando Garbiñe Muguruza estos 13 días desde que empezó el torneo. La española llegaba con brotes verdes tras ser semifinalista en Birmingham, y alguna duda tras ser arrasada por Strycova en Eastbourne, pero desde el principio ha mostrado la que me atrevería a calificar como la mejor versión de su carrera.

Tal vez no la más espectacular, ya que lejos quedan esos tiempos en 2015 en los que Garbiñe jugaba por encima de cualquier límite de agresividad y cuando era el día y la hora todo lo tocado era fuego; pero si sin duda la más eficiente, madura y, sobre todo, ESPERADA versión de la española.

Quitando el partido frente Kerber, donde la defensa a ultranza de la alemana le obligó a forzar una y otra vez la ofensiva, Garbiñe ha estado por debajo de los 15 errores no forzados durante todos los partidos, promediando en total de 8 errores por set, algo descomunal si consideramos de dónde venía los últimos 13 meses y la agresividad constante de su juego.

El motivo es claro, y es la recuperación de su mejor versión al servicio, con tan sólo 4 roturas sufridas en 6 partidos (3 de ellas de Kerber), y principalmente la ofensiva constante en la red por su parte. Sería engañarnos decir que la española es una jugadora superdotada en la red, pero como mínimo podemos decir que rinde con solvencia, y aunque a lo largo de un partido le veamos cometer siempre 4-5 errores de escándalo en la volea, al final es raro verla bajar del 70% de puntos ganados (71.3% en este torneo). Por eso, facilitada por su gran determinación en “los primeros golpes”, no solo se resuelve en una gran cantidad de puntos ganados, sino también mucha más calma desde el fondo de pista a la hora de forzar, lo que acaba en un número de Unforced Errors tan bajo como el mostrado en este torneo.

De esta forma solvente, comedida y ordenada, Garbiñe ha pasado por encima de Alexandrova, Wickmayer, Kerber, Cirstea, Kuznetsova y Rybarikova; jugadoras de todo tipo desde grandes pegadoras de potencia, hasta jugadoras rocosas de fondo, pasando por tenistas con un estilo de juego realmente variado como Rybarikova.

Nadie, salvo Kerber la primera hora, ha puesto en problemas a Muguruza en la que resulta su 3era final de Grand Slam en 3 años (nada mal para los que consideran su título en Roland Garros una alineación de planetas) y con todo el futuro por delante las bookies han decidido darle un ligero favoritismo, que personalmente me cuesta ver.

Ambas tenistas han pasado por encima de sus rivales con una facilidad pasmosa durante las últimas rondas, y cuando Garbiñe juega de forma tan calculada, es tal su similitud con el juego de Venus, que cuesta mucho quedarse con una. Por un lado, tenemos la experiencia del lado de la americana y sus 8 finales aquí, por otro la ambición y el potencial bajo confianza que ha mostrado Garbiñe en su 3/3 en semifinales Grand Slam (dato de escándalo) y en su final del año pasado ante Serena.

Si nos bajamos a los enfrentamientos entre ambas, tenemos a Venus ganando los primeros cuando Garbiñe todavía estaba muy por formar (2013 y 2014), otra victoria para ella en la final de Wuhan por lesión de Garbi, y un tremendo triunfo este año para la española en Roma hace muy poco tiempo en 3 sets. 4 partidos, 3 para Venus con muchísimos matices que lo invalidan, y otro para Garbiñe en una superficie donde su adaptación es superior a la americana.

Analizando más a fondo el partido en lo que puede ser por estilo de juegos, hay un hecho que corre a favor de Venus y es que Garbiñe acostumbra tener más problemas a la hora de restar primer servicio que la americana, pero ese hecho en este torneo no se ha visto casi en ningún partido, y menos ayer con Rybarikova. Ambas golpean plano, duro, suben a la red cuando pueden sin miedo, usan mucho los paralelos, y solo un hecho las diferencia, y será lo que marque el partido: la guerra de costados.

Venus Williams ha basado la mayor parte de su éxito en una derecha plana que marca los tiempos con una elegancia soberbia, y que en cruzado va a ser un constante problema para Muguruza. La española acostumbra a sufrir mucho para mantener el tipo ante duros peloteos por su costado derecho y eso es lo que debe evitar, llevando el partido a su terreno: el revés. Moriré diciendo que el revés de la jugadora de origen venezolano es el mejor con claridad del mundo, con una efectividad, determinación, y capacidad de aguantar peloteos que le ofrece todo tipo de posibilidades, y ahí es donde ha llevado Garbiñe sus partidos ante sus 6 rivales de Wimbledon, y ahí es donde debe llevarlo ante Venus: a una guerra de reveses cruzado.

En su terreno, por bien que se defiende la mayor de las Williams en cualquier fase del juego, Garbiñe es totalmente imparable tanto por el ángulo como por la velocidad de su golpeo, y dentro de una red de igualdad tremenda en sensaciones, enfrentamientos previos, y estilo de juego, esta debe ser la gran diferencia que otorgue a nuestra tenista la oportunidad de sumar la “segunda alineación de planetas” para algunos, o lo que es lo mismo, el 2º Grand Slam con tan sólo 22 años. Igualdad total, en un partidazo para soñar.


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